La promesa olvidada II

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— Todo está claro mijo. Eleggua velará por ti, irá contigo, irá delante de ti abriéndote camino. Lo puedo ver clarísimo aquí: Salud, tranquilidad, paz y desenvolvimiento…

La consulta había terminado. Saludé a los ecobios con un gesto de cabeza y salí presto a cumplir la encomienda: un pollito de esos chiquitos, de los amarillitos que están dando en los comités, le arrancas la cabeza en un cruce de caminos y dejas caer sus gotas en el mismo medio del camino…
Estaba loco por volar a como diera lugar. En aquel entonces cualquier destino me habría dado lo mismo, el problema no era donde aterrizar sino despegar de esa isla que me asfixiaba.

Como todo futuro balsero que se respete, el primer paso había sido “ir a mirarme pa´ saber cómo estaba el camino”. Cualquier cosa habría hecho para poner a los santos de mi lado. Tampoco era cosa de lanzarme a ciegas y muchísimo menos regalarme.

Dos semanas después, cuando pensaba que había perdido mi dinero y sacrificado al pobre animal en vano, me propusieron un viaje en la empresa. Tiene que ser cosa de Elegguá porque ¿Por qué a mí, habiendo mejores candidatos?

— Las cosas no van a serte fáciles, pero por mal que estés no olvides nunca que Eleggua está contigo… Me le pones siempre sus caramelos, sus dulces, sus merengues que allá en el yuma eso cuesta una mierda. ¡Y no te olvides de él cuando hayas levanta´o cabeza!

¡Que si me iba a ser difícil…! Difícil es mierda pa´ lo que pasé. Si en Cuba me llegan a pasarvideo de lo que me esperaba, no dudes que me hubiese quedado. Aquí conocí lo que es pasar hambre y además el frío, y conocí esa jodía llovizna que no cesa, que se te clava como agujas en la cara… Pero eso sí; nunca me olvidé ni perdí la confianza en mi santo.

Debe haber sido él quien hizo entrar aquella mujer en el bar de mala muerte donde me refugiaba toda la noche, bebiendo una taza de té caliente que  alargaba hasta el amanecer. Ella debía haber cambiado de tren en esta ciudad, pero esperó en el andén equivocado y esa pifia fue mi suerte. Sin embargo, tú sabes como es eso. Al principio todo lo exótico es bienvenido, tiempo después ya le molestaban los caramelos detrás de la puerta y la miel en un platico encima del armario.

—¡Yo sé mis cosas, no te metas!

El día que en una fiesta lanzó una carcajada contándoles “mis cosas” a sus amigos yo decidí largarme. Claro que ya en aquel tiempo tenía trabajo y todos mis papeles en regla. Me dediqué los meses siguientes a acelerar mi proceso de adaptación a esta sociedad. Las mujeres se iban como mismo venían. Nada de compromisos, ni jevas jodiendo todo el día, llamándome al celular para saber a qué hora llego hoy a casa. Tenía a mi santo de mi lado y estaba recogiendo los frutos de esa alianza. — ¡Coño, debí haberme ido de Cuba antes!

En la empresa me encargaron varios proyectos en España. No creo que yo fuese muy inteligente, pero mi santo se encargaba de poner los proyectos mientras tuviera puntuales sus caramelos: ¡Soy el único que habla español en la empresa! ¡¡Eleggua, te la comiste mi santo!! Comencé los viajes, a veces me quedaba en la madre patria una semana, a veces dos. Pasaba tiempo, mucho tiempo en los aviones y cuando llegaba a casa estaba tan cansado que no podía hacer otra cosa que dormir.

Hice carrera y sobretodo aseguré mi futuro, pero hay cosas que nunca cambian, “con las glorias se olvidan las memorias”. El éxito me hizo olvidar a mi santo y ponerle sus caramelos y sus dulces…

“La gente se acuerda de Santa Bárbara cuando truena”.

Continúa…

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